Carlos Adrián Serna (Bogotá) es artista electrónico y desarrollador de tecnologías para el arte. Formado en ingeniería e infografía, lleva más de una década construyendo el software, el hardware y los instrumentos que su propio trabajo exige —especialmente cuando la herramienta necesaria aún no existe.

Su obra se ocupa de lo que no se deja definir. En Primer Cero, la pieza que desarrolla con Ymoov desde 2021 a partir de una residencia en el CERN, la pregunta por el origen desarma cualquier herramienta matemática que intente abordarla: divisiones por cero, divergencias al infinito, resultados indeterminados. Una naturaleza asintótica que permite estar al filo sin dejarse definir. Es el punto donde, para Serna, la matemática da paso a la poesía.

Esa indeterminación no es solo un tema: es un principio constructivo. Serna no fabrica obras cerradas, sino sistemas cuyo resultado nadie puede anticipar. Entalpía (2015) —una tela de dos metros escaneada por una cámara 3D y traducida a luz y sonido por un programa escrito por él— no existe si no hay cuerpos que la activen; cada cuerpo produce una pieza distinta que no volverá a repetirse. Un trabajo de investigación de la Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires lo formuló con precisión: lo que estos artistas construyen no es la forma final de la obra, sino el medio capaz de crearla.

De ahí también su práctica open source. Los desarrollos de Primer Cero se liberan bajo Creative Commons —código fuente, planos, coreografías, conceptualización— porque una obra concebida como medio no se agota en quien la firma.

Una segunda línea atraviesa su trabajo desde 2019: cómo nos ven las máquinas. Empezó con getUser(0);, una escultura de tensión sobre la mirada de los sistemas; siguió con RedEsCubrimiento del cuerpo, creada con Ymoov y presentada en el CERN; y llegó en 2023 a Belgrado, donde durante una residencia Culture Moves Europe construyó una instalación performativa que aplicaba reconocimiento facial a sus propios espectadores. «Es fácil no encontrar resistencia cuando el problema es desconocido», escribió entonces. Sostiene que la viabilidad técnica no basta para legitimar una implementación tecnológica, y lo practica: en 2024, tras comparar los modelos de detección más recientes para un sistema de seguimiento ocular de su invención, volvió a la visión artificial clásica porque rendía el doble.

Trabaja con luz, sonido, código, hardware y cuerpo, sin jerarquía entre ellos. Es cofundador de la compañía Ymoov y de los colectivos OsciLab y Maracuyá Lab. Ha sido artista en residencia en el CERN (Suratómica / Art@CMS, Ginebra, 2019), en el Lips Lab de GRAME — Centre National de Création Musicale (Lyon, 2023) y en Kvaka 22 (Belgrado, 2023). Entre 2022 y 2025 fue miembro del consejo administrativo de AADN — Assemblée Artistique des Diversités Numériques, en Lyon. Su obra se ha presentado en Suiza, Francia, Serbia, Estados Unidos, Costa Rica, Perú, Panamá y Colombia.

Vive entre Francia y Colombia. Es artista asociado a Soropila — Santa María Etxea, en Hélette (País Vasco francés), donde reside seis meses al año y acompaña la proposición y el desarrollo de las actividades artísticas de la casa. En Colombia desarrolla El Precipicio, un espacio de creación colectiva en Quipile, Cundinamarca.